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Nuestra Misión

El valor de construir sobre bases sólidas

En TomCH, no solo importamos materiales de vanguardia; compartimos una visión que nació del esfuerzo, el oficio y la familia.

Nuestra Misión: Transformar proyectos en hogares a través de la excelencia técnica y el compromiso humano. En TomCH, volcamos nuestra experiencia global en la industria de la construcción para brindar soluciones que maximicen cada espacio, garantizando que cada obra sea el refugio seguro y cálido que toda familia merece.

Nuestra Historia

Hay historias que se escriben con tinta y otras que se escriben con el peso de los materiales. La de Franco es una historia de manos curtidas, de distancias enormes y de un compromiso inquebrantable que comenzó mucho antes de tener el showroom en Barracas.

 

El rigor del maestro: Aprender el oficio con exigencia

Franco no eligió la construcción; la heredó por necesidad. De muy chico, en una China que todavía estaba lejos de ser la potencia que es hoy, acompañaba a su padre a las obras. Su padre no era solo su jefe, era su maestro en la escuela del rigor: le enseñó que si un cimiento era débil o un detalle se pasaba por alto, el esfuerzo de toda la familia corría peligro.

Fueron años de sacrificio. Franco cambió los juegos por las herramientas, aprendiendo a levantar paredes bajo el sol y el frío. Esa madurez a la fuerza es la que hoy define nuestra exigencia; cuando Franco mira un producto, no ve solo estética, ve la responsabilidad de un constructor que sabe lo que cuesta cada centímetro de una obra.

 

El salto al vacío: Cruzar el mundo por un futuro mejor

Cuando Franco decidió dejar China, no eligió un destino fácil. Eligió Argentina, el país que queda literalmente en la otra punta del mapa, el lugar más lejano posible de sus raíces. Dejar atrás a sus padres y a toda su familia fue un dolor inmenso y un sacrificio que se sentía en el día a día, pero era un paso que necesitaba dar. En ese momento, entendió que para construir un porvenir mejor para los suyos, tenía que animarse a la distancia más larga, confiando en que el esfuerzo valdría la pena.

 

Argentina: El abrazo de un país nuevo y el golpe de la pérdida

En la familia siempre se dice que eligieron este país porque escucharon que era el lugar donde, si uno se esforzaba el doble que el resto, podía construir su propio destino. Franco llegó con esa determinación, pero no lo hizo solo. Su esposa fue su motor y su apoyo incondicional desde el primer día.

Mientras Franco trabajaba como contratista, construyendo casas desde cero y refaccionando hogares con una precisión que asombraba a los vecinos, su mujer daba su propia batalla. Ella trabajó sin descanso en restaurantes, aprendiendo el idioma con esfuerzo entre mesas y platos, absorbiendo esa calidez y esa apertura que tenemos los argentinos.

Después vino el sueño del primer supermercado, ese proyecto familiar que por fin les daba algo de estabilidad tras tanto desarraigo. Pero el destino les dio el golpe más duro: a los pocos años de abrir, el padre de Franco falleció. De repente, Franco se encontró siendo el pilar de una familia que dependía de él en un país que todavía estaba terminando de conocer. Ese dolor se transformó en motor: entendió que para darle a su esposa y a los suyos el futuro que su padre había soñado, no alcanzaba con la voluntad, necesitaba la excelencia. Decidió que para honrar ese apellido debía profesionalizarse al máximo y buscar en el exterior las soluciones más avanzadas para traerlas aquí.

 

La maestría en la industria de la construcción: El arte de vivir mejor

Con ese peso en el pecho, la vida lo llevó de vuelta a China, donde durante décadas se involucró de lleno en la industria de la construcción a una escala gigante. Pero Franco no fue solo a ejecutar proyectos; fue a buscar la maestría que le permitiera proteger a su familia a través de la calidad.

 

Se obsesionó con las técnicas más modernas para maximizar los espacios. En un mundo donde cada metro cuenta, aprendió cómo transformar cualquier lugar en un refugio funcional, moderno y, sobre todo, cálido. Su meta fue entender cómo mejorar cada técnica para que las personas pudieran, por fin, sentirse en casa. Perfeccionó la selección de materiales y la eficiencia técnica, pero siempre con el corazón puesto en lo que había aprendido en las obras de Buenos Aires: que la tecnología no sirve de nada si no mejora la calidad de vida.

 

El regreso por elección: Cuidar lo que más importa

A pesar del éxito internacional, Franco nunca olvidó esos brazos abiertos que lo recibieron cuando no tenía nada. Volvió para volcar toda esa sabiduría en la industria de la construcción local, pero sobre todo, volvió porque para él trabajar es la forma de proteger a los suyos y seguir dándoles todo lo que su padre soñó. Él sabe mejor que nadie que "el hogar es el lugar más cálido del mundo", y que ese calor solo existe cuando la familia está unida y segura.

 

Tu proyecto, tu puerto seguro

Hoy, Franco supervisa cada material en TomCH con la misma mirada detallista de aquel niño que aprendió junto a su padre. Su objetivo es que tu proyecto —ya sea tu negocio, tu casa o un alquiler temporal— se sienta exactamente como ese refugio que todos buscamos.

 

En TomCH, no solo encontrás diseño de vanguardia; te llevás la garantía de una familia que conoce el oficio desde el cimiento hasta el rascacielos, y que hoy quiere devolverle a la Argentina ese abrazo que recibió hace 35 años. Porque al final, construir un espacio es, en realidad, construir el lugar donde los que amás se sienten a salvo.

Nuestra Misión hoy

Volvimos a la Argentina para volcar toda esa experiencia técnica en tu proyecto. Nuestra misión es transformar espacios en verdaderos hogares. Combinamos la tecnología más avanzada del mundo con el compromiso humano de una empresa familiar que sabe que, al final del día, el hogar es el lugar más cálido del mundo.

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